Saludo del presidente
Hace 100 años se publicó un reporte del viaje que hizo Robert Ridgway a Costa Rica, invitado por José Cástulo Zeledón, reconocido ornitólogo costarricense. Solamente llegar a Costa Rica le tomó 10 días; su material de trabajo se atrasó y llegó unos dos meses más tarde. Los tiempos eran definitivamente otros ... era 1905. Sin embargo, al leer su artículo, me di cuenta de que su experiencia y sus impresiones fueron similares a las de cualquier amante de la naturaleza que nos visite hoy en día. Las aves, los árboles y nuestros bosques tropicales fueron el atractivo que marcó las memorias de este naturalista, además de la cortesía con que siempre fue tratado. Y es que, debido a que vivimos aquí, pocas veces ponemos atención a la verdadera riqueza de Costa Rica, su gente y su ambiente.
A través de la Asociación Ornitológica de Costa Rica, hemos visto cómo la gente busca ese contacto tan perdido hoy en día con la naturaleza. Las aves, con su canto y sus colores, siguen siendo aquí y en cualquier parte del mundo, una de las rutas hacia la naturaleza, y esto se ve reforzado con el convivio con otros que nos hacen sentir que no estamos solos en esa necesidad de verdor y paz.
Hoy observar aves es mucho más fácil, si Ridgway hubiera vivido en nuestros tiempos, hubiera tomado un tour por Costa Rica y en dos semanas hubiera visto unas 400 especies de aves. Pero en aquel entonces no había transporte a todas partes, ni abundaban los lugares donde comer o dormir.
Gracias al trabajo de los viejos naturalistas –pioneros de la ciencia, como Zeledón, Alfaro, Ridgway, Skutch y posteriormente de científicos de la nueva ola, es que hoy Costa Rica posee una de las biodiversidades tropicales más estudiadas del mundo. Podríamos inclusive pensar que Ridgway fue uno de los primeros ecoturistas –guardando las distancias, ya que vino a conocer, aprender, apreciar y estudiar nuestra naturaleza. Cien años después de su visita, casi un 25% de la población costarricense se ve, directa o indirectamente, beneficiada del ecoturismo, lo que definitivamente refuerza el hecho de que nuestras riquezas están en la gente y el ambiente.
Pero no sólo la industria del turismo se beneficia de nuestros recursos, también lo hace usted, al vivir en un país que se esfuerza por brindarle a nuestras futuras generaciones un mejor medio ambiente. Y es cierto, a veces parece que Costa Rica pierde el norte de conservación y desarrollo que nos conviene a todos a largo plazo. Pero mucho está en lo cada uno de nosotros hagamos por mejorar nuestros alrededores, asumiendo control y responsabilidad, sembrando árboles en nuestros patios y condominios, separando nuestra basura, participando en organizaciones y dando el ejemplo a nuestras hijas e hijos. La AOCR busca este bien común, cuidar de las aves, y su hábitat para nuestro disfrute y de los que vengan en el futuro.
Willy Alfaro