A la
caza de cazadores de aves
Planificación
y operatividad del programa de protección de las áreas
protegidas
Gerardo Obando Calderón
Manejador de Recursos Naturales
gobando@racsa.co.cr
Introducción
Es de suma importancia divulgar la
legislación ambiental actual por medios como Zeledonia,
en especial la concerniente a las aves silvestres en Costa Rica. Es
además urgente que la sociedad conozca su accionar. Tomando
como base el artículo de Katya Barrantes titulado "Situación
legal de la cacería de aves en Costa Rica", que fuera
publicado en el boletín de noviembre, deseo ampliar y profundizar
el tema. Probablemente nos hemos preguntado, ¿qué sucede cuando
los funcionarios aplican esta ley en la práctica? ¿Llegan a
tener las denuncias puestas ante los juzgados alguna consecuencia
positiva en favor de la conservación de la avifauna? Estos
cuestionamientos los trataré de abordar fundamentado en casos
vividos como funcionario de áreas silvestres protegidas del
Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC).
Cacería versus otras formas de impacto
Cuando discutimos impactos negativos
en la fauna silvestre tendemos a priorizar aquellos que nos impresionan
a primera vista. Por lo tanto, es normal que experimentemos un inmediato
rechazo al encontrarnos aves silvestres encerradas en jaulas, muertas
en carreteras o sobre un plato, acompañadas de arroz y frijoles.
Sin embargo, algunos impactos no menos devastadores pero sí
menos visibles los pasamos por alto. Por ejemplo, se ha demostrado
que el ruido generado por el tráfico vehicular tiene más
influencia sobre la densidad de las poblaciones de aves en zonas aledañas
a carreteras que las propias muertes por atropellos (Reijnen et
al. 1995).
La cacería no necesariamente
constituye la forma más arrasadora de la biodiversidad. Pero
sí es parte de una cadena que podría exterminar la flora
y fauna del planeta. Cuando menciono cadena, me refiero a que la primera
causa de la pérdida de biodiversidad es la pérdida del
hábitat ideal para que las poblaciones se reproduzcan, alimenten,
evolucionen y así perpetúen sus genes.
¿Más presupuesto estatal y más
funcionarios para protección?
Como costarricense y como funcionario
estoy muy orgulloso de nuestro internacionalmente reconocido sistema
de áreas protegidas. Pero nunca he aceptado ni aceptaré
que se mediocratice y burocratice el trabajo en las áreas protegidas
sustentado en criterios como "falta de funcionarios" o "poco
presupuesto". No niego que los presupuestos en nuestras áreas
son mínimos, entonces ¿qué debemos hacer? ¿Sentarnos
a contar y priorizar unos cuantos colones o salir a buscar más?
Miles de dólares de ayuda internacional alrededor del mundo
son captados y utilizados por funcionarios y profesionales que están
sentados en sus oficinas gubernamentales. Para ello solo hay que conectarse
a internet con las propuestas de proyectos listas para solicitar dinero.
En Costa Rica, de cada cinco instituciones o empresas que uno logre
contactar, por lo menos cuatro están en disposición
de brindar algún tipo de financiamiento. Esa ha sido mi experiencia.
¿Faltan funcionarios? Funcionarios
hay, muchos con gran experiencia, disposición y mística.
Lo que falta en algunos casos es planificación operativa e
investigaciones aplicadas para priorizar y dirigir las acciones de
protección. Es necesario actualizar y sistematizar la función
operativa de los puestos de guardaparques. Actualmente aún
hay tendencias hacia la forma tradicional de trabajo como en los grandiosos
años 70, cuando nuestro sistema de parques empezó a
emerger. Bajo ese sistema, el programa de protección y control
cuenta con más presupuesto e importancia. Sin embargo es un
arma de doble filo. La labor policiaca y represiva que muchas veces
se lleva a cabo favorece el incremento de delitos y enemigos de los
parques. Un cazador golpeado, ofendido o amenazado por un funcionario
implica también una esposa, unos hijos, una familia, unos amigos
y una comunidad ofendida y amenazada. Por el contrario, un cazador
reflexivo, educado y favorecido por la presencia del parque se convertirá
en miembro activo multiplicador en pro de los recursos de su comunidad.
"Los números hablan"
Todos los días salen los funcionarios
en su azarosa cacería de infractores de la legislacion ambiental.
Digo azarosa porque estas salidas no están planificadas y generalmente
los encuentros con los infractores son pura casualidad. De la evaluación
y análisis de un informe anual pude constatar la realidad de
un programa de protección: de tres estaciones de guardaparques
en el Parque Nacional Braulio Carrillo, la estación Quebrada
González realizó más patrullajes y denuncias
que las otras. Sin embargo, la estación Ceibo a pesar de su
menor cantidad de patrullajes y denuncias, obtuvo, según mi
análisis, una mayor efectividad en relación con la cantidad
de denuncias presentadas por cantidad de patrullajes realizados. Lo
anterior se debió a que los funcionarios del Ceibo salieron
a sus labores de protección justamente después de evaluar
evidencias pre-existentes que aseguraban una acción efectiva
y el encuentro en ese momento con los infractores. La planificación
operativa fue la base de la alta efectividad del puesto Ceibo. Como
resultado, al realizar menos incursiones al azar, el puesto Ceibo
entre otras cosas economizó combustible y los funcionarios
se pudieron dedicar a otras labores de educación ambiental
en la comunidad vecina. La conclusión en el informe anual dice:
"es muy claro que el puesto Quebrada González es el que
más trabaja; salen más veces de patrulla y tienen más
denuncias. Por lo tanto se recomienda brindar un mejor presupuesto
y más cuota de combustible." Para el puesto Ceibo el informe
recomendaba un cambio de funcionarios y una activación constante
de patrullajes.
El sistema hace grandes esfuerzos
y busca una alta productividad con sus "escasos funcionarios"
y "presupuestos", pero lamentablemente trabaja archivando
números y cantidades, ya que lo mejor es incrementar la cantidad
de patrullajes, denuncias y denunciados. Esta presión por los
números conlleva un descuido en la calidad del trabajo. Se
ha fomentado una competencia descomunal y precipitada por presentar
la mayor cantidad de denuncias por delitos en contra del ambiente.
Del monte a los tribunales
Se pueden presentar mil procesos ante
los tribunales en los que se manifieste la incursión de un
"posible cazador" en un área protegida o fuera de
ella, pero si no se presentan pruebas reales de lo cazado, acosado
o substraído, los casos no tendrán la más mínima
consecuencia. Según la ley, si se encuentran unos cazadores
caminando o sentados comiendo tranquilamente con sus perros eso no
es sinónimo de acoso ni de cacería. La ley define la
cacería como "la acción, con cualquier fin, de acosar,
apresar o matar animales silvestres, así como la recolección
de productos o subproductos derivados de éstos. Por otro lado,
los criterios y la calidad de la denuncia es relevante para la continuidad
del caso. Por ejemplo, un funcionario que carece de información
sobre el pájaro sombrilla (Cephalopterus glabricollis),
podría redactar una denuncia como una violación a la
ley por causar la muerte de un ave no incluída en el cuadro
de vedas, sin mediar una explicación elocuente de las consecuencias
ecológicas, endemismo, o la situación real de la especie,
para ofrecer así un criterio de más peso para asegurar
una eventual acción judicial. De aquí que muchos delitos
importantes sean pasados por alto en los juzgados.
Si el caso es lo suficientemente fuerte
en evidencias y convincente al juzgado, es probable que el infractor
acuda por su derecho legal para tratar de "reparar el daño
causado". Por motivo de estos acuerdos es que muchos cazadores
deben cumplir con un período de horas de trabajo social dentro
del área protegida. El trabajo consiste básicamente
en labores de mantenimiento, no siendo involucrado en ningún
programa educativo adaptado para su caso en particular.
Conclusión
Debido a las deficiencias planteadas,
las respuestas a las preguntas formuladas al inicio no son muy halagüeñas,
pero debemos actuar positivamente y crear criterios constructivos
alrededor de ellas. Así podremos ir aprendiendo y fortaleciendo
un proceso de desarrollo y manejo adaptativo a las diversas situaciones
que enfrentan las áreas protegidas y la protección de
la avifauna costarricense.
Deseo compartir un extracto del punto
de vista de Daniel Janzen sobre el manejo de las áreas protegidas:
El asunto no es que debemos manejar
las áreas silvestres, sino cómo debemos manejarlas,
¿al azar o con objetivos calculados y planificados para su sobrevivencia?
Llevamos más de 10000 años haciendo el paisaje agrícola.
... Las áreas silvestres de hoy tienen muchas más
herramientas sofisticadas que las que se encontraban hace un milenio
en el desarrollo agrícola. Los funcionarios pueden accesar
a una gigantesca fuente de información global sobre sus organismos
silvestres (taxonomía, historia natural, fisiología,
ecología, biología evolutiva, entre otras). Estas
áreas necesitan la misma intensidad de experimentos y planificación
que la agricultura. Las áreas protegidas siguen siendo tratadas
como oro bajo la cama. ¿Qué hacen los urbanistas con su oro?
Lo ponen a trabajar en el mercado. ¿Qué hacen los agricultores
con su oro? Hacen lo mismo. Continuamos pensando que lo mejor que
debemos hacer con los recursos naturales es ponerlos dentro de una
caja y marchar alrededor con guardaparques. No hay ninguna naturaleza
prístina que conservar. Solo aquellos muy despistados del
pasado pueden pensar en un ecosistema nunca tocado por el ser humano.
¿Nos cruzamos de brazos mientras la humanidad extiende sus dominios
sobre las áreas silvestres? ¿O les dejamos algo de la librería
de la vida para que sea disfrutado, usado, sentido, conocido, percibido?
La agricultura sostenible ha estado por largo tiempo, pues tengamos
áreas silvestres sostenibles. Estas áreas requieren
de un mercado de desarrollo, rotación de productos, estaciones
experimentales, subsidios, seguros, innovación. Además
necesitan pagar sus deudas, ser productoras, estar abiertas y bienvenidas
a la mesa de la sociedad. La humanidad no devolverá al mundo
su estado natural, y entre más tratemos de forzarla a bailar
al ritmo de la naturaleza, en medio de paisajes agrícolas
y urbanos, más crecerá y nos aplastará. Si
no podemos contra ella, unámonosle. Pensemos; protejamos
por medio del uso del conocimiento. ¿Existen acaso las bibliotecas
solo para proteger y archivar finas hojas de madera? No. La biblioteca
está para ser usada. Por supuesto que encontraremos libros
raros protegidos celosamente por furiosos bibliotecarios y un sector
lleno de niños que arrancarán hojas porque no piensan
usar la fotocopiadora. La biblioteca cierra y sus funcionarios van
a casa, pero más y más personas ingresan a ella por
internet. Debemos entregar nuestras áreas silvestres a un
personal que vive, respira y comprende que su misión es integrar
sus áreas a la sociedad para su sobrevivencia en perpetuidad.
"
Bibliografía
Gutiérrez, María.
Acceso al pago de servicios ambientales en Costa Rica. Anthropology
Ph.D. Program, Graduate School and University Center, City University
of New York. Ensayo presentado en la conferencia "Potencialidades
de los sistemas pecuarios tropicales para la generación de
servicios ambientales" (LEAD-FPI-ECONF-L), FAO, LEAD, CATIE.
Disponible en: http://www.lead.virtualcentre.org/es/ele/conferencia3/
articulo11.htm
Janzen, D. H. 2000. "Wildlands
as Gardens" en National Parks Magazine 74 (11-12):50-51.
Reijnen, R., R. Foppen, C. Braak
y J. Thissen. 1995. "The effects of car traffic on breeding
bird populations in woodlands. III. Reduction of density in relation
to the proximity of main roads" en Journal of Applied Ecology
32: 187-202.